¿Cómo es posible denominar hombre de acción
a quien por su trabajo de presidente en una empresa
hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias
para adelantarse a la competencia?
¿Y es, tal vez, un hombre de acción el que recibe
elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad
porque viaja a países subdesarrollados y estafa a
sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares
despojos sociales los que reciben el apelativo
de hombres de acción en nuestro tiempo.
Yukio Mishima