Compilado por ARCA (Amabeli Raquel Cadena Ayarzagoitia)
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Yo no sé si Dios existe,
pero si existe,
sé que no le va a
molestar mi duda.


Mario Benedetti
EPIGRAMA

Como esplende un sesentón cuando logra vencer por dos
pulgadas al bisoño que intentó conseguir el único
asiento libre;

como bienquiere el contribuyente silvestre a la cajera número
cuatro en el momento de enfrentarla tras dos
horas de cola;

como acoge el deudor la noticia de que ha fallecido su
acreedor más implacable;

como suele compungirse la buena gente si el locutor no
advierte a tiempo la traicionera errata que lo acecha
en el cable llegado a última hora;

como el prójimo que permanece enjabonado bajo la ducha
a causa de un corte imprevisto, y al cabo de tres
minutos se solaza al advertir que el agua vuelve amanar sin usura;

como el chofer que se reconcilia con la vida tras esquivar
limpiamente un desbocado camión con tres containers;

como el adolescente que ama los decibeles más que a sí
mismo;

así, Trifena mía, aproximadamente, así suelo quererte.


Mario Benedetti

CUANDO ÉRAMOS NIÑOS

Cuando éramos niños,
los viejos tenían como treinta;
un charco era un océano.
La muerte lisa y llana
no existía.

Luego, cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta;
un estanque era un océano.
La muerte, solamente,
una palabra.

Ya cuando nos casamos,
los ancianos estaban en los cincuenta;
un lago era un océano;
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora, veteranos,
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es, por fin, el océano,
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.


Mario Benedetti
CUADRAGÉSIMO ANIVERSARIO

Ahora, en buena hora,
con cielo transparente y suave clima,
el mundo conmemora,
aunque el pasado oprima,
estos cuarenta agostos de Hiroshima.
Los nipones hicieron
un survey escolar de varios usos,
y los niños dijeron
sin mostrarse confusos:
la bomba fue arrojada por los rusos.
Si se atiende al alcalde
de la misma ciudad a la que exhuman,
quizá todo fue en balde.
Sus palabras abruman,
mas no menciona ni una vez a Truman.
Los muertos son ceniza.
Occidente da dólares y apoyo;
Oriente olvida aprisa.
Ya salvado el escollo,
la bomba es un factor de desarrollo.

Mario Benedetti
CHAU, PESIMISMO

Ya sos mayor de edad;
tengo que despedirte,
pesimismo.

Años que te preparo el desayuno;
que vigilo tu tos de mal agüero,
y te tomo la fiebre;
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato;
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales,
y también que al mal tiempo buena cara.

Pero como si nada.
Seguís malhumorado arisco e insociable,
y te repantigás en la avería,
como si fuese una butaca pullman.

Se te ve la fruición por el malogro,
tu viejo idilio con la mala sombra,
tu manía de orar junto a las ruinas,
tu goce ante el desastre inesperado.

Claro que voy a despedirte.
No sé por qué no lo hice antes.
Será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario,
y a uno lo deja triste tu tristeza,
amargo tu amargura,
alarmista tu alarma.

Ya sé. Vas a decirme: “No hay motivos
para la euforia y las celebraciones”.
Y, ¡claro!, cuándo no tenés razón.

Pero es tan boba tu razón, tan obvia,
tan remendada y remedada,
tan igualita al pálpito,
que enseguida se vuelve sinrazón.

Ya sos mayor de edad
chau, pesimismo.

Mario Benedetti
empalagosa.
En otros,
el conjunto
de desarmonías
produce algo mejor
que la belleza.
Mario Benedetti
Hay pocas cosas
tan ensordecedoras
como el silencio.

Mario Benedetti
DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera;
defenderla del escándalo y la rutina;
de la miseria y los miserables;
de las ausencias transitorias
y las definitivas.
Defender la alegría como un principio,
defenderla del pasmo y las pesadillas;
de los neutrales y de los neutrones;
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.
Defender la alegría como una bandera;
defenderla del rayo y la melancolía;
de los ingenuos y de los canallas;
de la retórica y los paros cardiacos;
de las endemias y las academias.
Defender la alegría como un destino;
defenderla del fuego y de los bomberos;
de los suicidas y los homicidas;
de las vacaciones y del agobio;
de la obligación de estar alegres.
Defender la alegría como una certeza;
defenderla del óxido y la roña;
de la famosa pátina del tiempo;
del relente y del oportunismo;
de los proxenetas de la risa.
Defender la alegría como un derecho;
defenderla de Dios y del invierno;
de las mayúsculas y de la muerte;
de los apellidos y las lástimas;
del azar
y también de la alegría.



Mario Benedetti
Uno no siempre
puede hacer
lo que quiere,
pero siempre
tiene derecho
de no hacer
lo que no quiere.


Mario Benedetti
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Mario Benedetti